Lagartija Nick

Bio

En esencia, la trayectoria de Lagartija Nick se puede definir con aquel aforismo de Val del Omar: «El que ama, arde. Y el que arde, vuela a la velocidad de la luz». La banda de Antonio Arias ha desarrollado una carrera tan brillante como temeraria. Se han suicidado varias veces. Y siempre cuando les iba bien. Han abrazado los extremos con pasión. Han pisado el acelerador contra el muro para elevarse con el impacto. Arias dice que su universidad fue 091, donde ocupa la plaza de bajista en los ochenta. Eric Jiménez ensayaba en el local de al lado. Ambos solían juntarse para tocar temas de Siouxsie & The Banshees. Esto ocurre en 1987: hace más de treinta años. En 1991, la formación, completada con los guitarristas Juan Codorniú y M.A.R. Pareja, planta las bases de su lenguaje en Hipnosis, uno de los discos de debut más excitantes del rock español. Tensión electrificada. Vicio y paranoia en la voz-proclama de Antonio Arias. Descargas de punk-rock artie, visionario y anfetamínico. Atmósferas futuristas. Flashes perturbadores. Riffs tóxicos, entre Ron Asheton, Thurston Moore y John Cipollina. Un calambrazo de ideas en la resacosa escena nacional de la época. Un grupo bisagra, como Surfin’ Bichos, Cancer Moon o Los Bichos. Pero Lagartija Nick es un verso suelto.

En 1992 dan el salto de una discográfica independiente a una multinacional —vaivén habitual en su singladura— y lanzan Incercia, obra cumbre de los granadinos, ya con un sonido poderoso y un ramillete de clásicos inmediatos (Nuevo Harlem, Universal, Satélite…). Un discurso adictivo e inquietante. En su miscelánea caben la obsesión por la astronáutica, la psicodelia ácida y el consumismo visto en collage, como en la Generación Beat. La sónica se oscurece en Su (1995). Persiguen a Enrique Morente por las calles del Sacromonte y el Albaicín. El resultado del encuentro trasciende al cantaor flamenco y a los rockeros: Omega (1996). Federico García Lorca y Leonard Cohen, hermanados por los más inquietos y resbaladizos de Granada. Se cerraba un círculo. Nacía algo nuevo. Un antes y un después. El revolucionario trabajo con Morente le cambia la vida a Antonio.

Cuando todo el mundo está pendiente de Lagartija Nick, la banda se transforma, huye de la zona de confort y sale por la tangente con un álbum kamikaze: Val del Omar (1998). Arias, muy dado a entregarse a sus maestros hasta las últimas consecuencias, descubre en José Val del Omar —inventor, pionero tecnológico, cineasta y poeta— a su padre artístico. Y aplica a la música de Lagartija planteamientos rompedores: la diafonía, la mecánica mística. Rock industrial circunscrito a una espiritualidad repetitiva. Se fueron de Joy Division a Esplendor Geométrico. Esta etapa negra tiene secuelas: Lagartija Nick (1999) y Ulterior (2001).

El grupo se recompone en 2004. Eric vuelve a la batería. Víctor Lapido encaja su guitarra en el proyecto. Y Arias muestra todo lo aprendido en el camino en un título autoeditado, el estupendo Lo imprevisto. Además, es el momento en el que dirige el homenaje a Los Ángeles, cuyo sentido del pop cala de manera notable en su percepción musical. Unos Lagartija triunfales sacan El shock de Leia (2007), con la participación de Honest John Plain, leyenda del punk británico, y aportaciones de Jesús Arias, el hermano mayor de Antonio. La racha sigue en Larga duración (2009) y Zona de conflicto (2011). Por el camino, vuelven a tocar Omega con Morente y disfrutan del reconocimiento de su valioso legado anterior. Incluso les solicitan para escenificar Val del Omar en el Museo Reina Sofía, donde al fin crítica y público entienden su propuesta avanzada: sonido diafónico, desbordamiento de las imágenes, noise rock y trance para invocar las ensoñaciones místicas y tecnológicas del autor de Fuego en Castilla.

En 2012 ocurre un giro: la formación original de Lagartija Nick, con Juan Codorniú y M.A.R. Pareja, rescata en directo Hipnosis, el disco que supuso el punto de partida de todo. Los integrantes suenan más proteicos y sabios que nunca. En la última década, la banda disfruta su bagaje, saca lustre a su discografía, recrea desde la madurez. Y vuelve a sorprender material nuevo en 2017. La muerte de Jesús —pionero del punk en Granada con TNT, estudioso lorquiano, confidente de Joe Strummer, ideólogo de la semilla conceptual de Omega y periodista cultural de radar fino— marcó el camino de Crimen, sabotaje y creación. Un álbum que confirma la naturaleza cambiante de Lagartija, ese bicho raro ya treintañero. Con la entrada del teclista J.J. Machuca en el plantel, la urgencia punk y los ambientes sombríos evolucionan en horizontal, al tiempo que incorporan trazas de rock andaluz, reivindican el flamenco a través de El Charico o Juan Pinilla, y se reinventan en clave narrativa con La leyenda de los hermanos Quero, trepidante y cautivador relato sobre los maquis granadinos convertido en himno. Como apéndice, en 2018 aparece el picture disc El testamento del sol.

Las notas, versos, partituras y bosquejos que Jesús Arias dejó inacabados para su proyecto definitivo, Los cielos cabizbajos, constituyen la base sobre la que se cimenta el nuevo gran reto de Lagartija Nick. Un volantazo que, por su envergadura, sólo resulta equiparable a Omega y Val del Omar. Pero que nadie se equivoque: estamos ante unos Lagartija que se lanzan al vacío sin mirar atrás. Dicen que era el trabajo más ambicioso de Jesús y que es el más ambicioso de la banda. Y hay que darles la razón. El recuento de episodios bélicos, o sea, la guerra como resumen del siglo XX, deviene aquí en planisferio del horror y en emocionante canto a la libertad. El disco preserva la intención orquestal con la que lo pensó Jesús, con la presencia del Coro y el Quinteto de la Universidad de Granada, y la estrecha colaboración del pianista David Montañés.

El oyente astuto encontrará guiños al Manifiesto Guernika (1983), el único elepé de TNT. Empezando por Guernika, pieza angular de un mapamundi de la barbarie humana que despierta Nagasaki y saluda con un punto bowieano en (Buenos días Hiroshima). Una obra que reflexiona sobre la influencia de la religión en las guerras (Europa IO), que llama a la reacción de la sociedad buscando un entronque africano (Este es el plan), que desarma con la historia de unos Romeo y Julieta balcánicos (Sarajevo), que electriza (Intrusos) y que también mece con un canto orquestado (Ola equivocada). Del sinfonismo sideral de Introducción a la guerra a una Nueva York que define la reinvención del sonido de Lagartija Nick. Reminiscencias de Lorca, Bach, Kubrick y de la electrónica pionera de Wendy Carlos. De Granada al mundo. De las víctimas a los verdugos. En España nadie hace discos así.

Conciertos

18/01/2020

Sala Apolo

Barcelona

01/02/2020

Joy Eslava

Madrid

08/02/2020

Teatro Caja Granada

Granada

Tickets

Último disco

2019 Los cielos cabizbajos
Comprar Escuchar